Ella sonrió pícaramente mientras lo miraba a los ojos. El
sabor de su cuerpo seguía instalado en su garganta. Sal, sudor, pasión. Él la
miraba como queriendo más y ella, anhelante, saboreaba su último suspiro. Sus
propios suspiros resbalaban por el pecho de ella y él besaba cada parte de sus
jadeos, cada gota de suspiros. Calor, fulgor. El cuarto era sólo calor, sudor, fulgor
y gritos. Ella sólo deseaba exhalar su nombre entre ansias contenidas. Él sólo
quería tantear su figura, contemplar su semblante ávido de más.