domingo, 18 de diciembre de 2011

Él


La luna rozó su piel cetrina. Madeleine caminaba lentamente por la playa. Pensando en cuantas veces tendría que pensar en él para volverlo un poco menos etéreo, para volverlo real, para tenerlo al lado. Aunque caminaba de la mano con otro ella sólo podía pensar en él. Sus suspiros, sus palabras de amor, sus poemas, sus gemidos y llamados, todos eran para él, sin embargo el que caminaba a su lado no lo sabía. En un instante ella dudo de sus sentimientos, sin embargo soñaba con él cada noche de su vida. El que caminaba a su lado llevaba acompañándola poco más de 5 años, sin embargo nunca había logrado amarlo como lo amaba a él. Ni siquiera lo había amado con tanta intensidad en su luna de miel en Paris. Aunque caminaba a su lado en la Torre Eiffel y miraban juntos las obras en el Louvre nunca llegó a amarlo como lo amaba a él. Su vida parecía sencilla, pero no lo era. Las voces en su cabeza constantemente le impedían dejar de pensar en él y querer entregarle su vida, su cuerpo, su alma. Esas voces que constantemente le recordaban cómo sería su vida si muriera y se encontrara con él, pero la cosa que cargaba en el vientre le impedía morir. Noches enteras dedicaba a planear su próximo encuentro con él. Vestiría de rojo, y su sangre se derramaría por todo el baño y se diluiría con el agua de la bañera, mientras el cuchillo se resbalaba lentamente de su mano ensangrentada y ella perdía la conciencia. Si, ansiaba ese día, cuando por fin se reuniría con él. Pronto pasaría. Muy pronto. 

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