El sol brillaba en lo alto de la torre. Él observaba la ciudad desnudo en su balcón mientras fumaba su cigarrillo. Su amante, su fiel amigo dormitaba en la cama desarreglada. Ese día fueextraño y su vida había cambiado, sin embargo todo había salido acordé al plan. Su amante se movió un poco y susurró su nombre.
- Acuéstate otra vez. Deja de fumar, sabes que no me gusta.
- Tú tampoco me gustabas y acá estamos. Deja de remilgar contra los cigarrillos. Ellos sólo ayudan a mi vicio.
- No te desquites conmigo. Tu accediste a esto. Yo sólo colaboré con algo que necesitabas.
- Si, lo sé. Pero ahora no soy mas que un vulgar ramero.
- Vulgar o no vulgar me encantas.
-Sabes que no se repetirá Fabricio.
- Lo sé. Ahora lo dos tenemos lo que queríamos.
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